Rodrigo Orellana.
11 Jun 2026

Enseñar como forma de pensar mejor

Llevo varios años haciendo clases de postgrado en paralelo al trabajo ejecutivo. La razón por la que sigo haciéndolo no es la que suele suponerse.

Lo que descubre la sala

Explicar algo a gente con experiencia obliga a un nivel de orden que la práctica diaria no exige. En la operación uno puede tomar decisiones acertadas por intuición acumulada, sin poder articular del todo por qué. En la sala eso no sobrevive: alguien pregunta por qué, y la intuición sin estructura se cae.

Cada vez que preparo una clase encuentro al menos un lugar donde creía tener una posición y en realidad tenía una costumbre.

El intercambio real

En programas ejecutivos la mitad del aprendizaje va en dirección contraria a la esperada. Las preguntas que hacen quienes están operando en industrias distintas rompen supuestos que uno daba por universales y que en realidad eran particularidades de su sector.

Por qué lo recomiendo a otros ejecutivos

  • Obliga a mantenerse actualizado de forma estructurada, no por acumulación de noticias.
  • Entrena la capacidad de explicar con claridad, que es buena parte del trabajo directivo.
  • Expone a realidades distintas a la propia con una frecuencia que la agenda ejecutiva no permite.

Una advertencia honesta

Consume tiempo real y no admite improvisación. Una clase mal preparada se nota de inmediato y el costo reputacional es alto. Si se va a hacer, se hace en serio.

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